lunes, 18 de enero de 2016

La prensa concilia #periodistaconcilia

Érase una vez un periodista que salía de casa a las 8:30 y volvía doce horas después. No se pasaba esas doce horas currando, pero primero llevaba a sus dos hijos a la guardería y al colegio y luego se tragaba hora y media de coche entre ida y vuelta, con reiterados atascos. Comía en la redacción con sus compañeros, en un comedor comunitario situado a 100 metros de su ordenador. Tenía la suerte de no trabajar, salvo muy escasas excepciones, los fines de semana.

La jornada laboral de este periodista, en términos de su profesión, es bastante respetable comparativamente hablando. Algunas horas extra, como en casi todos los medios, pero dentro de unos parámetros digamos que adecuados (hubo tiempos peores). Pero el caso es que este periodista tiene una mujer, dos hijos y una vida propia, trinomio difícilmente compatible con ese término que tanto cuesta introducir en el sistema laboral español: conciliación.

Escribo esto hoy porque, gracias a @gemalalbendea, he pasado un rato informándome sobre la iniciativa La prensa concilia #periodistaconcilia, lanzada por la (buena) gente del movimiento social #mamiconcilia. Aquí puedes leer el comunicado que han hecho y, de paso, colaborar con la causa contando tus impresiones sobre el periodismo y la conciliación laboral y familiar. Yo ya lo he hecho.


Campaña #periodistaconcilia, de la gente de @mamiconcilia


Mi situación, dentro del conflicto conciliador, no es nada mala. Muchos compañeras, periodistas y de otras profesionales, lo pasan mucho peor. En mi casa somos dos periodistas (cosas de un entorno endogámico...) y dos niños pequeños y, mal que bien, salimos adelante. Si vienen mal dadas, tenemos abuelos cerca que están encantados de quedarse con los pequeñajos.

Para engrosar una costumbre que, lamentablemente, sigue primando en este país (ésa por la que es la mujer la que más cuida de los hijos), es mi bianamada esposa (la @gemalalbendea de unas líneas más arriba) la que, después de currar en casa por la mañana, pasa las tardes con ellos hasta que yo vuelvo del curro.

E quando arrivo a casa... no tomamos café descafeinado, sino que pasamos un ratejo juntos apañando a los peques con ciertas prisas e intentando disfrutar el momento. Luego cenamos y, mientras yo trato de desconectar un rato, ella y curra otro poco antes de acostarse, porque es periodista freelance y autónoma (échale...). Vamos, que en el día a día mi idolatrada mujer y yo cruzamos tres palabras mal contadas.

La Asociación de la Prensa de Cádiz (APC) ha lanzado hace unos días la campaña #LaPrensaConcilia
Del dicho al hecho hay un trecho...

Lo del periodismo tiene, entre otras muchas otras cosas, una cosa potencialmente a favor de la conciliación y otra en contra. La buena primero. En ciertos medios y trabajos (como en el mío), puede dejar sitio al teletrabajo (digo puede, porque es un modelo apenas extendido) y a una jornada flexible escasamente explorada todavía. Ahora la mala. Como no hacemos tuercas, la noticia no descansa y la mentalidad sigue siendo la de echar horas, la profesión a veces exige respuesta y dedicación inmediatas en momentos inesperados.

Dicho esto, en periodismo se podría establecer un modelo pro-conciliación mucho más adecuado que el actual, que es casi inexistente y/o residual. Mucho nos queda por hacer para progresar en esto de la conciliación. Escribir un post y sumarse a una iniciativa es sólo un granito de arena, pero sirve para avivar el debate, implicar a gente, sacudir el árbol y conseguir, poco a poco, que el tema cale donde tine que calar, allí donde se toman las decisiones (o deberían tomarse).