martes, 16 de diciembre de 2014

Primeras pinceladas del nuevo ministro

Alfonso Alonso, sustituto de Ana Mato al frente del Ministerio de Sanidad, lleva apenas dos semanas como ministro. Espero escribir un post más largo y sesudo cuando lleve más tiempo y se le pueda valorar mejor, pero no me resisto a dar unas pocas pinceladas de lo que deja entrever y de sus primeras apariciones.

Lo primero parece positivo, sobre todo para mi negociado, el periodismo. Tiene fama de no ser del palo de Mato (no aparecer, no hablar, no mostrarse) y tiene más facilidad de palabra y de oratoria que su predecesora. En la toma de posesión de su segundo de abordo, Rubén Moreno (que, dicho sea de paso, es cercano a los medios, accesible y aficionado a las redes sociales), el ministro habló sin tensiones, incluso entre risas y algún chiste, y dejó una impresión de no querer meterse en el caparazón del que se valió Mato. Es una mera impresión que, espero, se vaya confirmando.

Dicho esto, en su primera aparición en el Congreso, la semana pasada, me dejó con las ganas. Esperaba algo más, nada muy lejos del guión ni fuera del tiesto, pero se limitó a repetir los clásicos y los mantras que hizo suyos Mato (la deuda heredada, la sanidad pública, universal y gratuita, los prados que no pagan copago...), y dejó la sanidad en un segundo plano, tras los servicios sociales, que, junto a la igualdad, y la familia, parecen ser sus prioridades. Quizá se hizo un pequeño lío de palabras con los conceptos eficaz y eficiente, pero poco más hay que decir: era su primera intervención y no cabe llegar apenas a conclusiones.

Ana Mato quiso vivir en un caparazón informativo, y su segunda, Pilar Farjas, no la contradijo. Alfonso Alonso, por su trayectoria previa, alguna pista que ha dejado desde que es ministro, y por contar con un segundo como Rubén Moreno, accesible y amante de las redes sociales, parce querer mostrarse más abierto.

El caso es que Alonso se ha estrenado hoy en el Senado, y sí ha dejado algo más. Ha vuelto a dejar lo puramente sanitario en un lugar poco preferente, insistiendo en su apuesta por lo social, pero ha respondido a las críticas de la oposición con algo más de personalidad que la que, a mi juicio, mostraba Mato (eso sí, sin salir del manido lenguaje del toma y daca político, algo achacable a todos los representantes de la Cámara). Pero lo más destacado ha sido su primer patinazo.

Puede haber sido un olvido, un asesoramiento previo mejorable, un desliz, un exceso de confianza (la sanidad le es totalmente ajena)... El caso es que, preguntado por el acceso a nuevas terapias en hepatitis C (con protagonismo del sofosbuvir y del debate financiación-precio que le precede), ha desaprovechado una oportunidad de salir fácil del paso, apuntándose un tanto. Me explico: el Ministerio ha decidido hoy aprobar la financiación de un nuevo fármaco, el dacatlasvir (que sigue a los ya financiados -con posibles lagunas de acceso- sofosbuvir y simeprevir), y Alonso lo ha citado en su discurso.


Continúo. Pero la buena noticia del nuevo fármaco financiado, que podía haber quedado como el mensaje principal de su comparecencia, ha quedado ensombrecida por un jardín en el que se ha metido. Ha dicho que España es el país que más acceso permite a las nuevas terapias en hepatitis C (lo cual podía haber pasado como brindis al sol aceptable), pero ha añadido que, junto a Bélgica y Luxemburgo, es el único país que financia estas nuevas terapias, poniendo el sofosbuvir como ejemplo más conocido, por mediático. Y ahí ha venido el lío. Las redes sociales, el background que tenemos los periodistas especializados, y un par de llamadas a las fuentes adecuadas, han puesto a Alonso en evidencia: no sólo esos tres países financian el sofosbuvir. De hecho, la lista es larga: Alemania, Francia, Reino Unido, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Italia, Portugal...

Nada escapa al ojo 2.0...
Fragmento de algunas de las respuestas al tuit con la afimación del ministro

No es cuestión de hacer mucha sangre. Más que como crítica a Alonso, lo explico como ejemplo de lo desacertado de la política de comunicación, información y asesoría de cara al exterior que el Ministerio muestra últimamnte. Un ministro ajeno al sector, en su primera comparcencia en el Senado, haría bien en evitar estos fregados. Salvo que se vea capaz de lucirse y meterse en el bolsillo a la Cámara, debe hacer un sota, caballo y rey, por mucho que nos defraude a los periodistas, en sus primeras apariciones. Incluso pasar inadvertido. Y, si cuenta con un as en la manga, como sucedía hoy con el del nuevo fármaco aprobado, ceñirse a ello y salir airoso de la comparecencia.

Desde la barrera se ve todo muy fácil, y quizá se ven deslices cuando sólo hay el día a día político, pero para eso uno no es ministro, sino un simple ciudadano, periodista y bloguero...