martes, 4 de marzo de 2014

La investigación sanitaria aguanta el tirón, pero se desgasta y adelgaza...

Hoy hablo de ciencia, utilizando la que más me afecta, la biomédica, para extrapolar a toda la investigación. De paso, hago algo de autobombo de un repor que mi curro me llevó. Me divertí mucho haciéndolo, pero las conclusiones, sin sorprenderme, no me dejaron muy feliz que digamos.

Este lunes publiqué los resultados, a tres bonitas páginas, de una encuesta de 30 preguntas que me respondieron 23 directores y responsables de centros de investigación sanitaria españoles. Estaban representados los Institutos hospitalarios de Investigación Sanitaria (IIS), los Centros de Investigación Biomédica en Red (Ciber), diversos centros de investigación del CSIC y del Instituto de Salud Carlos III y Universidades, reuniendo a voces de buena parte del territorio nacional (para ser justos, de 7 CCAA, con mayor presencia de Madrid y Cataluña... Es lo que hay).

En la encuesta preguntaba por todos los palos de la investigación sanitaria: personal, proyectos, infraestructuras, sueldos, ensayos clínicos, financiación, revistas científicas, asistencia, investigación  básica, clínica y en primaria, modelo de gestión, visión internacional, fuga de cerebros, relevo generacional... Y, ya que estaba, pedí valoración del sistema en forma de nota.

Para lo endeble de la situación de la investigación biomédica, el sistema español fue calificado mayoritariamente con un Notable, aunque no fueron pocos los que hablaron de Aprobado. ¿Conclusión? El sistema se tambalea, pero aún se tiene en pie. Aguanta el tirón, pero con dificultad. Sobrevive.

Los recursos humanos son lo más afectado tras los recortes en I+D+i. Las líneas de investigación se resienten, y lo que menos sufre son las infraestructuras.

Los titulares más destacados, tras las respuestas de los 23 responsables, fueron éstos:

  • El personal es lo que más sufre con los recortes.

  • Los proyectos de investigación se mantienen o menguan, no crecen.

  • No está garantizado relevo generacional científico. 

  • El modelo es poco flexible, burocrático y excesivamente funcionarial. 

  • Los ensayos clínicos son mejorables. 

  • Cambiar (perder) el Ministerio de Ciencia e Innovación por la Secretaría de Estado de I+D+i, error. 

  • El sector público y el privado deben financiar por igual la biomedicina. 

  • La formación es aún buena, pero pierde comba. 

  • Una suerte de Año MIR extra en investigación sería muy bienvenido. 

  • Los fondos europeos son útiles, pero difíciles de conseguir.

  • Y la guinda: los políticos no confían en la ciencia.




Nos estamos quedando sin relevo generacional para las biociencias. La burocracia y el funcionariado no ayudan al sistema, que pide mejor formación (posible Año MIR extra), y apoyo por igual público y privado.
Y la clave: confianza política, por favor.


Esta última frase es la causante de buena parte de los titulares citados en el párrafo anterior. En lo años 80, cuando se partía de muy abajo, España impulsó con vigor la ciencia y la tecnología, un apoyo que se estabilizó en los 90, sin crecer lo suficiente, y que tuvo un nuevo repunte a principio de siglo. Después, por la crisis o porque sí, la clase política se olvidó de la ciencia. Tocaba recortar (al menos eso se dice), y no se decidió salvaguardar la I+D+i.

Laciencia, a examen: la nota media del sistema de investigación sanitaria está entre el aprobado y el notable,
más cerca de ésta última calificación. Frente l buen estado de la investigación básica y clínica,
sólo hay un aprobado raspado para la investigación en primaria.
El objetivo es compaginar asistencia, investigación y formación en el SNS, pero del dicho al hecho...


Sea como fuere, el resultado lo tenemos enfrente. Existe un discurso al que agarrarnos, el que alega que, pese a los recortes, la investigación en sí no está sufriendo. Vistas las respuestas, es una verdad a medias, porque hay centros que están perdiendo proyectos y líneas de investigación. Cierto: otros los mantienen, y alguno los ha aumentado, todo sea dicho.

Hay una de las respuestas que me parce especialmente 'comentable'. La inmensa mayoría de encuestados cree que hay fuga de cerebros, pero más de la mitad considera que este proceso "es parte de la realidad científica y pasa en todas partes". Si nuestros científicos salen, y a veces no vuelven, porque forma parte de su vida investigadora, o lo hacen porque consideran que lo de fuera es mejor, queda a la interpretación de cada uno. Quizá sea un poco de ambas...

Es decir algo muy manido, pero no por ello menos cierto: la ciencia nunca ha sido una de las prioridades en España. Pese a ello, a fuerza de ganas y calidad, nos hemos ganado un lugar en el mundo, si no preminente, sí cercano a los mejores. Cuando tocaba consolidar este puesto, y mejorarlo, en los últimos 5 años la ciencia biomédica (y todos los ámbitos de la investigación) han menguado en presupuestos y recursos.

Perdemos personal. Envejecemos. Somos rígidos. Adelgazamos, sin llegar a desfallecer, pero perdiendo energías y reservas. Esto, al final, se acaba notando: por lo que parece, sólo vemos la punta del iceberg, y los resultados de no confiar en la I+D+i nos abofetearán en los próximos años. No podremos sorprendernos.

Suelo recurrir al gran Forges. No es bocado para el optimismo, lo ve todo gris oscuro, pero es que no está el horno para bollos...Mejor con con mordacidad, ironía y sarcasmo no exenta de crítica.

Nos queda agarrarnos a la esperanza. Este año han dejado de desplomarse los presupuestos para la ciencia, e incluso han subido. Levemente, sin recuperar apenas parte de lo perdido en el último lustro. Toca retomar velocidad de crucero. Hay ganas y queda ilusión, pero toca recuperar ánimos. En ésas está el Instituto de Salud Carlos III, que lleva más de un año dirigiéndose al personal para contarle que no todo está tan mal,  que hay visos de optimismo, y que hay que ir todos a una, como Fuenteovejuna.

Importante labor, pero hay que pasar de las palabras a los hechos. Para hacerlo, y para no abandonar nunca el crecimiento, la política y la economía tendrán que creer en el sector de la investigación. Si no lo hacen, y no hay excesivos visos, seguiremos sobreviviendo. Pero sólo eso: sin dinero y acciones políticas que sigan a tanta palabrería, seguiremos sin aprovechar plenamente nuestras posibilidades. ¿Ya toca?